Hayedo de Tejera Negra

La primera vez que estuve en el Hayedo, un otoño, quedé prendado por sus colores, desde verdes aceituna hasta rosáceos, todos ellos fundidos por un crisol cromático que confería al bosque un aspecto de unidad y unicidad. Además, visité los pueblos negros que, como almenaras, custodian el entorno próximo del Hayedo. El trastabillo sensorial fue tal que tuve que volver a la semana siguiente, con el fervor con el que un enamorado anhela ver a su amor otra vez. Ni un ápice de su embrujo ha perdido aún hoy y, siempre que puedo, me escapo para enredarme entre sus ramas y abrazar sus esencias.

La ruta es de especial interés porque se trata del hayedo más meridional de Europa y el mayor del Sistema Central. El Hayedo comprende el tramo alto de dos valles de típico perfil fluvial, el valle del Lillas y el valle del Zarzas, que se disponen paralelos, con una única orientación noroeste-sureste. Están flanqueados por altas y afiladas cresterías rocosas.

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