Lluvia y barro

La lluvia nos sirve un menú con légamo de guarnición. Esta ofrenda, lejos de mermar nuestras fuerzas, nos alienta para dar más. Einstein dijo una vez que la vida es como andar en bicicleta, para conservar el equilibrio debes mantenerte en movimiento.

El barro escribe la ruta de hoy. Es una estrella de cine capaz de transformar la película más anodina, monopolizando todas las miradas. Te atrapa igual que la tela de araña apresa a sus víctimas, es un adhesivo que encadena nuestros pensamientos al suelo. Su apego por la bicicleta es enfermizo, posesivo, y trata de retenerla desplegando toda suerte de técnicas: te abofetea la cara en cada intento de huida, ciega tu vista en cada viraje y obstaculiza tu camino conspirando con numerosos aliados. Al final, el convidado de arena gana la batalla. Siempre en rueda, sofoca cualquier conato de escapada y adereza cada centímetro que pasa bajo nuestros pies; llegamos y hace tiempo que nos espera. Justo vencedor, ilustre compañero de ruta.

Etapa

Soto de Viñuelas

La ruta circunda el Soto de Viñuelas, espacio protegido que alberga el castillo del mismo nombre, un palacio fortificado de la Comunidad de Madrid, integrado en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Aunque sus primeras referencias se sitúan en el año 1285, la construcción actual data de los siglos XVII y XVIII.

La ruta transcurre por los límites del soto, delimitados por un muro, y pasa por las localidades de San Sebastián de los Reyes y Tres Cantos.

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Acerca de montilleta

Mi primera bicicleta fue una Rabasa, roja, de ruedas gordas y blancas y con ruedines. Pronto quise deshacerme de aquellos ruedines, quería imitar a mi hermano con su Torrot y trataba de pedalear sin tener que apoyarme en ellos. El día esperado llegó y fue el primero que recuerdo con una nitidez deslumbrante a lomos de una bici, buscando el equilibrio por la calle Isla de Chipre, en la playa de Oliva, bajo la atenta mirada de mis padres y hermano. Tenía 4 años. Desde entonces, la bicicleta y el ciclismo me han acompañado siempre. A los 13 años tuve mi primera bici de carreras, una Stelvio de segunda mano que me permitió emular, en las Sierras de Gallinera y Mustalla, las grandes gestas de aquellos ciclistas legendarios que captaban toda mi atención: Kelly, Hermans, Perico, Induráin, Cubino, Abdoujaparov... Luego vino la universidad y la bici pasó a desempeñar un papel funcional, ayudándome a salvar la distancia que existía entre Benimaclet y la Politécnica de un modo ajustado a mi economía. Luego llegué a Madrid, llegó la BTT y llegó una pasión renovada. Hoy en día voy a trabajar en bici, disfruto como un enano los fines de semana y comparto día a día mi gran pasión con los Buffalos Bikers, esos locos de la biela que ya formamos una gran familia.

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